Historia en Tandem: Té de camomila

Somos muchos los que hemos leído esta historia. Recuerdo recibirla en un correo hotmail hace años, cuando MSN Messenger estaba en pleno auge. Desgraciadamente, no he encontrado la fuente de este relato, aunque sospecho que su autor podría ser este.

Aún así, sigue pareciéndome una historia graciosa y digna de compartir:

camomila
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Historia en Tandem

Os reescribo esta pequeña historia que aunque no sea un “diario” en si, forma parte de una experiencia vivida por un supuesto profesor que aquí nos la cuenta. Es más vieja que la mojama, así que muchos de vosotros ya la conoceréis, aún así tiene su gracia y por ello la pongo.

¿Recordáis el libro “Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus”?

Un profesor de lengua inglesa que trabaja en una universidad americana nos ofrece este excelente ejemplo.

“Hoy vamos a experimentar con una nueva forma llamada “historia en tándem”. El proceso es simple. Cada persona se emparejará con la persona que se sienta al lado. Uno de ellos escribirá entonces el primer párrafo de una historia corta. Su compañero leerá ese primer párrafo y añadirá un segundo párrafo a la historia. Después, la primera persona añadirá el tercer párrafo y así sucesivamente. Recordad releer lo que se ha escrito cada vez para mantener la coherencia de la historia. Esta absolutamente prohibido hablar; la única comunicación entre ambos miembros de la pareja la constituye lo que hay escrito en el papel. La historia termina cuando ambos estén de acuerdo en que lo ha hecho.”

Esto que sigue lo presentaron dos de mis alumnos de lengua: Rebecca y Gary(no voy a poner los apellidos).

HISTORIA:

(primer párrafo, por Rebecca)

Al principio, Laurie no podía decidir qué tipo de té quería. La camomila, que solía ser su favorita en las perezosas tardes en casa, ahora le recordaba a Carl, quien una vez, en tiempos mejores, dijo que le gustaba la camomila. Pero necesitaba mantener a Carl fuera de su mente a toda costa. Su posesividad era sofocante y, si pensaba demasiado en él, volvía a tener ataques de asma. Así que la camomila quedaba descartada.

(segundo párrafo, por Gary)

Mientras tanto, el sargento Carl Harris, jefe del escuadrón de ataque en órbita sobre Skylon 4, tenía cosas más importantes en que pensar que las neuras de una cabeza hueca asmática con la que había pasado una sudorosa noche hacía más de un año. “Sargento Harris a Geoestación 17”, dijo en su comunicador transgaláctico. “Órbita polar establecida. Por el momento, sin signos de resistencia…” Pero antes de que pudiera cortar, un rayo de partículas azulado salió de la nada, haciendo un agujero en la bodega de su nave. La sacudida causada por el impacto le proyectó a través de la cabina.

(Rebecca)

Se golpeó la cabeza y murió casi instantáneamente, no sin antes sentir un último remordimiento por haber tratado tan mal a la única mujer que sentido algo por él. Poco más tarde, la Tierra cesó sus fútiles hostilidades sobre los pacíficos granjeros de Skylon 4. “El congreso ha aprobado una ley para abolir permanentemente la guerra y los viajes espaciales”, leyó Laurie una mañana en el periódico. La noticia la estimuló y aburrió a un tiempo. Miró por la ventana, soñando con su juventud, cuando los días pasaban lentos y despreocupados, sin periódicos que leer ni televisión de la distrajera de esa sensación de asombro inocente ante todas las maravillas que descubría a su alrededor. “¿Por qué hemos de perder nuestra inocencia para convertirnos en mujeres?”, se preguntó melancólicamente.

(Gary)

No sospechaba que le quedaban menos de 10 segundos de vida. A miles de kilómetros sobre la ciudad, la nave nodriza Anu’udriana lanzó el primero de sus misiles de fusión de litiro. Los estúpidos pacifistas que hicieron que el Congreso aprobara el Tratado Unilateral de Desarme Aeroespacial habían convertido la Tierra en un blanco indefenso para los imperios hostiles alienígenas que habían determinado destruir la raza humana. Dos horas después de la aprobación del Tratado, las naves Anu’ udrianas se dirigían a la Tierra con suficiente armamento para pulverizar el planeta entero. Sin nadie que les detuviera, iniciaron de inmediato su diabólico plan. El misil de fusión de litiro entró en la atmosfera sin oposición. El Presidente, en su cuartel secreto submarino junto a la costa de Guam, sintió la tremenda explosión que desintegró a la pobre tonta de Laurie, junto con otros 85 millones de americanos. El Presidente dio un puñetazo en la mesa de conferencias. “¡No podemos consentir esto! ¡Voy a vetar el tratado! ¡Vamos a borrarlos de nuestro cielo!”

(Rebecca)

Esto es absurdo. Me niego a continuar este simulacro de literatura. Mi compañero de escritura en un adolescente semi-analfabeto, violento y chauvinista.

(Gary)

¿Ah, sí? Pues tú eres una neurótica aburrida y ególatra, cuyos intentos de literatura son el equivalente del Valium. “¡Oh! ¿Me tomaré un té de camomila? ¿O debería tomarme algún otro PUTO TÉ? Oh, no, sólo soy una descerebrada que ha leído demasiadas novelas de Danielle Steele.”

(Rebecca)

Gilipollas.

(Gary)

Zorra.

(Rebecca)

¡CABRÓN!

(Gary)

Guarra.

(Rebecca)

¡QUE TE DEN POR EL CULO, NEANDERTHAL!

(Gary)

Anda y tómate un té, puta.

(Profesor)

NOTA: 10. Me ha encantado.

 

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