Rijksmuseum: para pasar el día

Como relaté en anteriores entradas, a mediados de diciembre del año pasado fuimos a Ámsterdam. Pretendimos compensar el tiempo entre museos y simples paseos por la ciudad, pero el segundo día estaba reservado al gigantesco Rijksmuseum. Para quien no lo sepa, yo soy la loca de las fotos cuando viajo, así que he de contenerme para no subir las más doscientas imágenes que inmortalicé en las casi ocho horas que estuvimos ahí dentro.

Juro que jamás, JAMÁS, había estado en un museo tan enorme, y he estado en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas y en uno de los más importantes del Cairo, que tela marinera con todos los trastos históricos de por allá.

El Rijksmuseum, o Museo Nacional de Ámsterdam, está dedicado al arte, la artesanía y la historia. Posee la más famosa colección de pinturas del Siglo de Oro neerlandés así como una rica colección de arte asiático y egipcio. Entre todos los artistas, el más importante a mencionar en este museo es Rembrandt, a pesar de que éste tiene su propio museo no muy lejos de allí.

Pero antes de proseguir, datos de interés:

Horario: 09:00 – 17:00 
Precio por adulto: 17,50€ (los compramos a través de Tours & Tickets)
Abierto todos los días del año.

Recomiendo estar con la entrada en la mano a primerísima hora si de verdad deseas verlo completo. Algo muy bueno que tiene es el servicio de guardarropa, totalmente necesario.

Si eres artista, tienes especial sensibilidad al arte o, por otro lado, te interesa mucho la historia holandesa, vas a disfrutarlo muchísimo. A mí me encantó, y soy una ignorante de todo lo anterior mencionado, así que había veces que no hacía más que reírme de sus obras de arte. Ustedes me perdonarán, pero fue entrar al museo y lo primero que vi fueron estos dos cuadros y estatuilla:

Jesus Maria
Ahí tenemos al verdadero Hijo de Dios, que como oses ponerle un pañal te rompe el espinazo con el dedo meñique.
k es eso
¿Podéis hacer zoom y prestar atención a sus detalles, por favor?
«¿Pero qué tiene de raro esto? Es una mujer leyendo un cuento a un niño y haciéndole reír», pensaréis.
Todo mentira.

En la mayoría de fotografías que hice traté de que entrara también sus descripciones. Confié demasiado en la calidad de mi cámara y no se lee absolutamente nada, así que las he recortado y puesto la descripción que me ha parecido.

Este cuadro representa a ese soltero que acaba de independizarse y, contento por ello, invita a todos sus amigos a casa para celebrarlo. Es así como se da cuenta de que cocina fatal, porque nadie le presta atención ni quiere probar su asado.
El primer casteller.
rijksmuseum
A primera vista, podemos observar una escena muy conocida, que es la crucifixión de Cristo. Sin embargo, si nos fijamos un poco más, podemos ver cómo la gente aprovechó la ocasión para montar un mercadillo a su alrededor. Un ejemplo claro de ello es la señora que vende manteles con la cara de Jesús a dos denarios.
Aquí la típica madre esperando a que el niño deje un momento el móvil y le preste atención. Incluso el perro se siente menospreciado.
Asterix de marcha.
Sátiro y ninfa de juerga en casa de Dioniso.
Me encantan los cuadros de tormentas en el mar y… un momento…
… ¿QUÉ ES ESO?
Ufff… Me siento embarazada.

 

Vale, de acuerdo… ya paro, dejo de mancillar las obras. Tenéis suerte de que no hice muchas fotos a los cuarenta mil niños y bebés-ángeles que habían por ahí, porque madre mía, después de eso necesitas tiempo antes de volver a ver a ninguno, sean reales o no.

Pero vayamos a cosas un poco más serias.

Antiguo traje de buzo.
Montones de maquetas de barcos.

Cuernos de unicornio (o de narval)

Esta espada es enorme.

Preciosos juegos de porcelana.
El apartado de joyería no es tan amplio como los anteriores, pero merece la pena.
Justo cuando pasamos delante, empezó a sonar…

Mención especial a las casas de muñecas. Puro arte.
Detalle de cocina de una casa de muñecas.

 

Estábamos terminando de mirar el cuarto piso cuando avisaron por megafonía de que el museo cerraría pronto las puertas. Corrimos a ver lo que quedaba de esa planta y subimos raudos arriba, a la última, que por suerte es muchísimo más pequeña (y olvidable, la verdad). Entramos de día al museo y salimos de noche y hambrientos.

Eso sí, antes de salir de allí, en los últimos segundos, tuve la oportunidad de echar una última foto:

 

Si quieres ver algunas fotos más del museo, entra en este enlace.

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