Ámsterdam, la ciudad del vicio

Así es como imaginamos muchos españoles Ámsterdam, como una ciudad llena de pecado, lujuria y drogas. Aunque no está del todo desencaminado, Ámsterdam es más que eso: su sensibilidad artística da paso a numerosos museos dedicados al arte, artesanía e historia.

A través de Booking reservamos en el albergue Stayokay una habitación para dos personas por 44,50 € la noche. Puede que a algunas personas les pueda parecer caro viniendo de un albergue, pero lo cierto es que estaba muy bien situado y cuidado, con baño privado, además de que la oferta a su alrededor no era mucho mejor. Es un sitio al que no me importaría volver si fuera en las mismas condiciones (es decir, como si fuera un hotel).

Quizá deberíamos haberlo fotografiado de día…

 

amsterdam
Vistas desde nuestra habitación.

 

El trato por parte del personal de recepción fue bueno y no tuvimos ningún problema en nuestra corta estancia. El albergue contaba con salas comunes, como una sala de estar con sofás y mesas, un comedor… Pero no llegamos a ocuparlas.

Comedor que nunca pisamos.

 

Tras instalarnos, nuestra apreciada esclava amiga, que nos hacía de guía y traductora, nos llevó al famoso Mercado de las Flores. Al ser diciembre no había tanta animación floril como cabría esperar, pero era bastante bonito.

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Unos días por Vitoria-Gasteiz

Corría el año 2013 y, en plena temporada navideña, hice un viaje con mi pareja a Vitoria-Gasteiz. Como comprenderéis, servidora llenó la maleta con ropa de abrigo, conocedora de la fama que tiene el clima de Euskadi.

Pues bien; nada más llegar a la estación y tras el pasar de los días, nos topamos con uno de los diciembres menos fríos que se recordaban en los últimos años. Fue una temperatura, a mi parecer, agradable, así que al final no utilicé ni gorritos, ni guantes ni nah. Eso sí, siempre chispeaba en algún momento del día y no te libras del viento.

Nos alojamos en un albergue, en una habitación bien iluminada con dos camas individuales. Y, justo encima, reposaban varios nidos de palomas que nos daban los buenos días con su canto (por decirlo de forma poética).
El primer día, tras dejar las maletas, cogimos lo básico y nos lanzamos a explorar el lugar.

Vitoria
El Caminante, 1985, de Juan José Eguizábal, Plaza del Arca

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